Creo profundamente que el fortalecimiento de la Sociedad Argentina de Actuarios requiere de una participación más amplia y comprometida de profesionales de todo el país. Necesitamos construir una institución moderna, representativa y verdaderamente autosustentable, con capacidad económica, técnica y organizacional para afrontar los desafíos que enfrenta actualmente nuestra profesión y defender activamente sus espacios de desarrollo.
Una asociación civil sólida y autosustentable no solo permite brindar mejores servicios a sus matriculados y promover actividades académicas y profesionales, sino también generar los ámbitos de discusión necesarios para impulsar reformas que considero fundamentales para el futuro de la profesión actuarial en Argentina. Entre ellas, entiendo imprescindible avanzar en una actualización del artículo 16 de la Ley de Ejercicio Profesional, incorporando explícitamente nuevos campos de actuación que hoy forman parte central del ejercicio profesional del actuario y que no se encuentran reflejados adecuadamente en la normativa vigente.
El artículo 16 posee un enorme valor histórico y conceptual, reconociendo el rol del actuario en seguros, previsión social, mutuales, reservas técnicas, cálculo de probabilidades y valuación de contingencias futuras. Sin embargo, fue concebido para una realidad económica, financiera y tecnológica muy distinta a la actual. Hoy, la profesión evolucionó significativamente y se proyecta sobre espacios mucho más amplios y estratégicos dentro de las organizaciones.
Actualmente, los actuarios participan activamente en áreas vinculadas con Enterprise Risk Management (ERM), gestión integral de riesgos, riesgos financieros, riesgos de mercado, riesgos climáticos, validación y riesgo de modelos (Model Risk), inteligencia artificial, analítica avanzada de datos, sostenibilidad, gobierno corporativo y planificación estratégica bajo incertidumbre. La formación cuantitativa, estadística y multidisciplinaria del actuario lo posiciona como un profesional especialmente preparado para intervenir en la toma de decisiones complejas dentro de bancos, aseguradoras, fintech, mercados financieros, organismos públicos y empresas de múltiples sectores.
Por ello, considero que resulta necesario modernizar las incumbencias profesionales previstas en la ley, no para reemplazar su espíritu original, sino para ampliarlo y adaptarlo a los desafíos contemporáneos. La profesión actuarial tiene hoy la oportunidad de extender su campo de aplicación e impacto social mucho más allá de los ámbitos históricamente tradicionales.
Asimismo, la profesión no se circunscribe a los límites de la Avenida General Paz. La actividad actuarial es profundamente federal y posee enormes oportunidades de crecimiento en todo el país. Fortalecer nuestra representación implica también construir una visión más inclusiva, moderna y federal de la profesión, integrando nuevas generaciones, universidades, sectores productivos y regiones que pueden beneficiarse enormemente del aporte actuarial.
Por eso, considero fundamental que más colegas se involucren activamente y se sumen a la Sociedad Argentina de Actuarios, aportando ideas, experiencia y compromiso para consolidar una institución con mayor fortaleza institucional y representatividad. Solo a través de una comunidad profesional fuerte, participativa y autosustentable podremos impulsar las discusiones que merecemos, defender el valor estratégico de nuestra disciplina y proyectar una profesión actuarial moderna, interdisciplinaria y alineada con los estándares internacionales actuales.


