Por Nuria Hernandez
Una de las principales características demográficas del siglo XXI es el crecimiento sostenido del peso relativo de los adultos mayores en la cúspide poblacional (grupo etario 65 y más), por encima de la proporción de niños/as y jóvenes. El aumento de la longevidad, la ampliación de los derechos reproductivos y la disminución de las tasas de fecundidad constituyen algunos de los factores centrales que explican este fenómeno.
Si bien la intensidad y el grado de avance del proceso de envejecimiento poblacional difieren entre países, su impacto se ha consolidado como un eje prioritario en la agenda global, no solo por sus implicancias geopolíticas y socioeconómicas, sino también por los desafíos que plantea en materia previsional, sanitaria, familiar, intergeneracional y laboral.
Actualmente, diversos países europeos y China registran tasas de fecundidad muy por debajo de la necesaria para garantizar el reemplazo de la población a largo plazo. Frente a este escenario, algunos de estos países apuntan a que la migración internacional mitigue la problemática y compense parcialmente la disminución poblacional, pero el efecto en el cambio demográfico es limitado.
En contraste, la región subsahariana de África atraviesa un marcado proceso de crecimiento poblacional. De acuerdo con las proyecciones de Naciones Unidas, hacia finales del siglo XXI la población de dicha región podría alcanzar los 3.300 millones de habitantes, representando más de una quinta parte de la población mundial.
En relación con la dinámica demográfica global, la esperanza de vida al nacer alcanzó los 73,3 años en 2024, lo que representa un incremento de 8,4 años respecto de 1995. Asimismo, las proyecciones internacionales prevén nuevas reducciones del índice de mortalidad, lo que llevaría a una esperanza de vida promedio mundial de aproximadamente 77,4 años hacia 2054 (Fuente: UNFPA y Naciones Unidas).
En cuanto al índice de envejecimiento, si hacemos énfasis en nuestro país, en Argentina ya registra un valor de 53/100, es decir, 53 personas de 65 años o más por cada 100 personas menores de 15 años. Este fenómeno adquiere aún mayor relevancia en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, donde el índice superó los 100 (120/100), reflejando una estructura demográfica en la que la cantidad de adultos mayores excede a la de niños/as (Fuente: INDEC e IDECBA).
Ahora bien ¿Cuál es el desafío del actuario en esta transición demográfica?
Uno de los ejes centrales de la agenda política que impacta directamente en el ejercicio profesional actuarial es el sistema previsional. El incremento de la longevidad, el aumento de la proporción de adultos mayores y, especialmente, las dificultades estructurales del mercado laboral registrado en la Argentina han impulsado el debate en torno a una reforma previsional, con posibles modificaciones vinculadas a las reservas del sistema y a la edad jubilatoria, tanto para hombres como para mujeres.
Si bien el país aún atraviesa un bono demográfico – etapa transitoria en la que la población en edad de trabajar (15 a 64 años) supera proporcionalmente a la población dependiente, integrada por niños y adultos mayores-, los elevados niveles de informalidad laboral y desempleo limitan la capacidad de transformar dicha ventaja demográfica en crecimiento económico sostenido y desarrollo estructural del país.
A su vez, se observa un incremento sostenido en la cantidad de personas que perciben jubilaciones y pensiones, particularmente entre las mujeres. Según datos del INDEC, mientras que en el Censo 2001 seis de cada diez mujeres en edad jubilatoria accedían a una jubilación o pensión, el Censo 2022 relevó que esa proporción ascendió a nueve de cada diez, manteniéndose en niveles similares a los registrados en 2010. Asimismo, el último censo nacional indica que 6.427.885 argentinos se encuentran en edad jubilatoria, de los cuales el 88,7% percibe actualmente un beneficio previsional. De ese total, 3.699.651 corresponden a mujeres y 2.004.987 a varones.
En este contexto, como actuarios es un desafío técnico como una responsabilidad profesional, evaluar la sostenibilidad del sistema de seguridad social frente a un escenario de creciente longevidad. Utilizar nuestra formación técnica en la materia resulta fundamental para analizar la factibilidad del cumplimiento de los compromisos asumidos con los actuales beneficiarios y con los aportantes presentes y futuros, así como para desarrollar valuaciones actuariales y propuestas técnicas que contemplen los múltiples riesgos interdisciplinarios asociados al sistema previsional argentino.
En la misma línea, la crisis previsional y la pérdida de confianza en el sistema de reparto argentino, sumadas al crecimiento sostenido de la informalidad laboral y del régimen de monotributo, han generado en las nuevas generaciones una necesidad que históricamente no tenía la misma relevancia: la planificación financiera y previsional para la etapa pasiva. En este contexto, el crecimiento de los seguros de retiro y la mayor participación en el mercado de capitales mediante inversiones de largo plazo se consolidan como algunas de las principales alternativas elegidas por los jóvenes, ámbitos en los que el rol del actuario resulta clave para el diseño, análisis y acompañamiento técnico.
Por otra parte, los datos actuales de mortalidad, el incremento sostenido de la esperanza de vida y las proyecciones de longevidad futura hacen imprescindible la actualización de las tablas de mortalidad tradicionales y el desarrollo de tablas prospectivas que reflejen adecuadamente el nuevo perfil de riesgo demográfico.
Asimismo, en la población adulta mayor argentina predominan las personas con una única cobertura de salud —prepaga u obra social, incluyendo PAMI—, que representan el 60,9% del total; mientras que un 35,3% depende exclusivamente del sistema público de salud y un 3,3% cuenta con programas o planes estatales de salud (Fuente: INDEC). Si bien la labor actuarial se centra en el análisis de datos y el desarrollo de modelos estadísticos orientados a la proyección de eventos futuros, los déficits operativos que atraviesan las empresas de medicina prepaga y el sistema de salud argentino, particularmente PAMI, también se encuentran fuertemente condicionados por el envejecimiento poblacional. En este marco, las tareas de valuación actuarial, junto con la necesidad de impulsar reformas estructurales, requieren procesos de actualización y readecuación técnica acordes a las nuevas dinámicas demográficas y sanitarias.
En síntesis, las incumbencias profesionales del actuario adquieren una relevancia estratégica frente a las transformaciones demográficas actuales y futuras, siendo esencial la articulación interdisciplinaria para optimizar las valuaciones y fortalecer la gestión y mitigación de riesgos.


