Durante mucho tiempo, el actuario fue presentado —y muchas veces se dejó presentar— como “el que calcula”: primas, reservas, escenarios, tablas, sensibilidad. Esa descripción hoy queda chica. No porque haya perdido vigencia lo técnico, sino porque el mundo corporativo cambió de lugar la conversación: la discusión central ya no es “qué modelo usamos”, sino “cómo decidimos bajo incertidumbre”. Y ahí el actuario, si asume su versión más actual, no compite por ser “mejor modelador”. Compite —y puede liderar— en algo más importante: conectar riesgo, estrategia y performance.
ERM no es un departamento: es una forma de gobernar decisiones
El Enterprise Risk Management (ERM) no es un área, un reporte ni un checklist de controles. Es un marco integral de gestión que busca identificar, evaluar y administrar los riesgos que pueden afectar el logro de los objetivos estratégicos de una organización.
Una señal clara de la modernidad del enfoque ERM es cómo define el riesgo el marco COSO: “la posibilidad de que ocurran eventos y afecten el logro de la estrategia y los objetivos de negocio”.
Esa frase, aparentemente simple, tiene una consecuencia incómoda: si el riesgo afecta estrategia y objetivos, entonces gestionar riesgos no es un tema “técnico” ni “de control”. Es un tema de dirección. Es decir: ERM es el idioma en el que se conversa con el Directorio y la alta gerencia cuando se discute valor.
Por eso me resulta más útil (y honesto) pensar ERM como una arquitectura de decisiones: priorización, trade-offs, apetito de riesgo, capital económico, resiliencia operativa, límites, incentivos y cultura. En otras palabras: gobierno del negocio.
La ventaja competitiva del actuario: transformar incertidumbre en decisiones defendibles
La tradición actuarial tiene un lema que, leído hoy, parece una definición de lo que las organizaciones más necesitan: John Ruskin hablaba de “sustituir hechos por apariencias y demostraciones por impresiones”.
Esto no es poesía: es una postura profesional. Porque en contextos volátiles, los comités ejecutivos suelen caer en dos sesgos frecuentes: i) confundir convicción con evidencia, y ii) gestionar el riesgo como si fuera una lista de chequeo.
El actuario moderno aporta lo contrario: disciplina probabilística, consistencia intertemporal y la capacidad de explicar —con números, pero también con lenguaje ejecutivo— qué supuestos sostienen una decisión, qué sensibilidad tiene y qué costo tiene equivocarse.
En el marco del desarrollo académico local, Eduardo Melinsky ha abordado el concepto de gestión integral del riesgo empresario y el rol del actuario dentro de él, como parte de trabajos presentados en congresos profesionales.
ERM como “salida del backroom”: el salto de influencia
Hay una frase que, para mí, captura el espíritu de esta transición: “ERM… es un camino más obvio que usa nuestras habilidades y nos permite crecer más allá de ellas y no ser definidos por ellas.”
El punto es clave: la profesión no se actualiza agregando técnicas, sino ocupando espacios. Pasar de producir métricas a moldear conversaciones. Pasar de reportar riesgos a diseñar decisiones robustas.
En esa lógica, ERM exige del actuario un cambio de rol:
- de “proveedor de modelos” a arquitecto de marcos de decisión,
- de “especialista en un riesgo” a integrador de riesgos agregados,
- de “analista” a líder que hace que el riesgo sea entendible y accionable.
Definir ERM como disciplina (y por qué eso favorece al actuario)
Me gusta una definición muy citada en el mundo actuarial (CAS), porque deja claro que ERM no es solo defensivo: es disciplina para aumentar valor. ERM es “la disciplina por la cual una empresa… evalúa, controla, explota, financia y monitorea riesgos… con el propósito de incrementar el valor de corto y largo plazo”.
“Explotar” y “aumentar valor” no son verbos de compliance. Son verbos de negocio. Y ahí el actuario puede jugar fuerte, porque entiende: i) cómo se genera volatilidad, ii) cómo se distribuyen colas, iii) cómo se correlacionan riesgos, iv) cómo el capital (financiero y reputacional) limita la estrategia, v) y cómo traducir eso en pricing, límites, reservas, coberturas, inversión, liquidez, continuidad operativa.
Opinión final: el riesgo no se “reporta”, se lidera
Mi tesis es simple: el actuario tiene una oportunidad histórica de convertirse en un profesional central de negocios. Pero esa oportunidad no se gana con más sofisticación técnica; se gana con más influencia efectiva.
Y esa influencia se construye cuando el actuario:
- se sienta a la mesa donde se decide estrategia,
- habla el idioma de trade-offs y valor,
- y usa su rigor para que las decisiones sean defendibles, consistentes y sostenibles.
En síntesis: el actuario del enfoque ERM no “mide el riesgo”. Ayuda a gobernarlo.


